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La Huida a Egipto

Informante: Ana Josefa Pérez
Localización: Jódar

La supuesta modernidad de estos romances basados en los Evangelios Apócrifos viene apoyada en que la mayoría, como éste de La Huida a Egipto, adoptan la forma métrica estrófica en contraposición a la tradicional y antigua estructura monorrima. Ahora bien, aunque la forma literaria posee estas características de relativa modernidad (no anterior al siglo XVIII) la historia que nos narra es típicamente apócrifa con orígenes que se remontan anteriores al Concilio de Nicea (325 d.C.) y de Laodicea (363 d.C.) en que quedaron fijados los Evangelios Canónicos, los considerados ortodoxos. Muy posteriormente, en el siglo XIII, aparece la misma historia, con ligeras variaciones y en prosa, en un manuscrito llamado «Libro sobre la Infancia del Salvador» escrito en latín y que se conserva en la Biblioteca Nacional de Paris (nº 11.867, Fondos St. Germain), según traducción de Benaccorsi (1948).
Poco más podríamos añadir para el segundo de los villancicos (San José como es viejo), si no es resaltar sus formas musicales más modernas; quizá su mayor virtud consista en la fidelidad con que dibuja una situación llena de sencillez en la vida cotidiana de una familia más.

La Huida a Egipto
Cuando la Virgen fue a Egipto
huyendo del rey Herodes,
pasaron por los caminos
mil fatigas y sudores.
Y al Niño lo llevan
con mucho cuidado
porque el rey Herodes
quiere degollarlo.
Andando por los caminos,
un labrador que se encuentran
y le ha preguntado la Virgen:
labrador, qué es lo que siembras;
el labrador dice:
señora, sembrando
unas pocas piedras
que son «pa» otro año.
Fue tanta la multitud
que el Cielo mandó de piedras
que parecía «toa» aquella haza
una grandísima sierra.
Ese fue el castigo
que Dios le mandó
por ser mal «hablao» aquel labrador.
Andando más adelante
otro labrador se encuentran,
y le ha preguntado la Virgen:
labrador, qué es lo que siembras;
y el labrador dice:
señora, sembrando
un poquito trigo
que es para otro año.
Venid mañana a segarlo
sin ninguna detención
que este milagro lo manda
nuestro Divino Señor.
Y si por nosotros
vienen preguntando
vosotros diréis
que estando sembrando.
El labrador por la noche
muy contento va a su casa,
contándole a su mujer
todito lo que le pasa.
Buscan los peones
y al otro día fueron
a segar el trigo
que ya estaba seco.
Estando segando el trigo
ven tres hombres de a caballo,
por una mujer y un niño
y un viejo van preguntando;
dicen los peones:
cierto es que los vi
estando sembrando
pasar por aquí.
Montados en sus caballos
diez mil reniegos echaban
de ver que no se les cumple
el intento que llevaban,
el intento era
de llevarlos presos
y entregar al Niño,
al «reye» soberbio.
   
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