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El alabado

Difusión actual generalizada
Localización: Jódar
Aunque en origen se trata de dos Hermandades o Cofradías bien diferenciadas, la realidad es que tanto la del Rosario de la Aurora como la de las Animas han vivido en simbiosis en la mayoría de nuestros pueblos, y sus cantos rituales, bien piadosos o petitorios, se recogen entremezclados en la actualidad.
Las Hermandades de la Aurora (con cientos de años a sus espaldas y revitalizadas por el beato fray Diego de Cádiz) y de Animas han compartido en Jódar –al menos durante las 3 ó 4 últimas generaciones– sus ceremonias, que celebraban de manera fundamental durante el mes de diciembre.
Fruto de donaciones, herencias, etc., estas Hermandades poseían cierta fortuna con la que sufragar los gastos a que tenían que hacer frente (procesionales, fiestas religiosas, mantenimiento del culto a las imágenes, entierro de los hermanos menos favorecidos y pobres de solemnidad), pero con la desamortización de Mendizábal perdieron la que era su única fuente de financiación y así tuvieron que recurrir a otros mecanismos con los que hacer frente a sus gastos. Así nacieron las Cuadrillas de Animas, las Campanas de Auroros, los Munidores y otras muchas acepciones con las que se denominan en diferentes lugares a las reuniones –siempre de hombres– que durante una época del año (generalmente en torno a las fechas de Navidad) salían a las calles durante la madrugada intercambiando su música o sus oraciones, de casa en casa, por donativos en dinero o especie. En el segundo caso, el trigo, productos de la matanza del cerdo y mil cosas más se vendían en pública subasta el día que finalizaban las salidas.
Tras la llegada a la puerta de una casa y después de haber preguntado «¿Se canta o se reza?», por si había luto reciente, las munidas (pues así se denomina tanto a los cantores como a la música que ejecutaban) eran entonadas tanto por los cantores y músicos de la Hermandad como por el vecindario que se iba acumulando a ellos a lo largo de la noche.
Concretamente en Jódar, a donde pertenecen los cantos que aparecen en esta grabación, el rito comenzaba el día 13 de diciembre, día de Santa Lucía, en que la Cofradía comenzaba a «munir» (convocar, de ahí el nombre) a sus hermanos durante la madrugada para después asistir al Rosario de la Aurora. El día 24, Nochebuena, se entonaba delante del altar de las Ánimas de la Parroquia de la Asunción el «Alabado», pieza en la que parafraseando cada una de las horas del reloj, se enumeraban las penas del alma en el Purgatorio para mejor mover a la piedad de los fieles y de sus bolsas.
Durante los días de Navidad volvían a salir Las Munidas, que finalizaban sus salidas el tercer día de Pascua.
Tras la subasta de las especies recogidas en sus salidas, se celebraba, hace más años aún, el llamado Baile de las Animas, hecho también a beneficio de la Hermandad y en el que de nuevo las pujas volvían a ser la mejor manera de financiación, siendo el objeto de estas subastas las cosas y situaciones más variopintas: se pujaba por ver en situación ridícula al personaje más adusto o influyente del pueblo, por bailar con una muhacha procurando siempre que estuviera novia con alguien celoso quien a su vez mejoraría la oferta y así liberarla de bailar con otro; en fin, todo este maremagnum solía caer en el Día de Inocentes, dentro de las fiestas del solsticio de invierno. Con el paso del tiempo, y tras la pérdida de todos estos ceremoniales, la música que los acompañaba ha permanecido, no obstante, en la memoria del pueblo que, eso sí, las ha incluido dentro del grupo de las canciones heterodoxas y las coplas de borrachos, toda vez que el dramatismo y la circunspección de «las horas del reloj» han sido sustituidas por:
Aguilando te he «pedio»
no me lo has querido dar,
permita Dios te se seque
la tripa del cagadar.

Aunque la forma musical de ambos cantos es bastante arcaica, actualmente se recuerda su acompañamiento musical por instrumentos relativamente modernos y de viento: clarinete, trombón, saxofón, trompeta y bombardino, instrumentación que hemos respetado a la hora de la grabación discográfica.
Cuando el reloj da la una
en la mansión del tormento
ya les parece a las Animas
que llevan un siglo entero.
Cuando repiten las dos
en aquel reloj divino
no hay alma que no suplique
al Cielo y Tierra un alivio.
Con la pena del sentido
y del gusano roedor
juntan la pena del daño
ya dio las tres el reloj.
En los cuatro continentes
llaman la mano de Dios
alivio para las almas
ya dio las cuatro el reloj.
Cuando el reloj da las cinco
las almas gritan y lloran
socórrenos Jesús mío
por aquellas cinco llagas.
Cuando da el reloj las seis
rezar estación mayor
seis Padres nuestros y Glorias
calmarán nuestro dolor.
A las siete los dolores
de la Madre del Amor
cesarán nuestros pesares
si los rezáis con fervor.
También las ocho recuerdan
el día de la Concepción
de María Inmaculada
nuestra esperanza y amor.
Las nueve caras del Cielo
alivian nuestro dolor
cuando suspiran los hombres
que nos tengan devoción.
Al dar el reloj las diez
recordar la Ley de Dios
aquellos diez mandamientos
nos libran nuestro dolor.
Y si da el reloj las once
sin las Animas aliviar
nunca jamás olvidéis
que nos tienen caridad.
Cuando da el reloj las doce
en aquella obscuridad
haced que se les acabe
a las Animas el penar.
A la una un fuerte grito
el corazón me devora;
no hay quien se acuerde de mí
dijo un ánima ella sola.
A las dos en general
las ánimas nos avisan
no hay quien se acuerde de mí
ni en oraciones ni en misas.
A las tres vírgenes llaman
y las llaman con fervor
las saquen de aquellas llamas
que se abrasan con su ardor.
Cuando da el reloj las cuatro
y cuando las cuatro llegan
los castigos y tormentos
y golpes con las cadenas.
A las cinco abre la puerta
San Jerónimo y les dice
no traigo ningún consuelo
pobrecillos infelices.
Herederos a las seis
nuestras penas no sean dobles
y es porque no les dais
una limosna a los pobres.
Al dar el reloj las siete
serán Señor ofrecida
por aquella alma que tuvo
más amor en esta vida.
Al dar el reloj las ocho
les ofrecemos rogando
por el alma que se halle
más largo tiempo penando.
Cuando da el reloj la nueve
a las ánimas en general
rezar un Padrenuestro
que las pueda consolar.
Al dar el reloj las diez
rogamos que sea aplicada
por el alma que se halle
en todo más olvidada.
Al dar el reloj las once
nuestra devoción ofrece
por el alma que más penas
en el Purgatorio padece.
Al estar las doce dadas
todos juntos les pidamos
el descanso de las ánimas
y el perdón de los pecados.
 
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