De veinticinco soldados
que marchan para la guerra,
de veinticinco que iban
«na» más que uno lleva pena.
— ¿Qué tienes, mi «soldaíto»?,
¿qué tienes que no te alegras?,
¿lloras porque eres soldado
o porque vas a la guerra?
— No lloro por ser soldado
ni porque voy a la guerra,
que el día que yo me vine
me dejé a mi Elvira enferma.
— Coge tu caballo y vete
y vete a cumplir con ella,
con soldado más o menos
no se termina la guerra.
Ha «echao» mano al bolsillo,
se ha sacado una cartera,
una cadena de oro
a su capitán le entrega.
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— Tenga usted, mi capitán,
para que se sirva de ella
el día de mi esponsorio,
me la regaló mi prenda.
Se ha «montao» en su caballo,
se ha ido a cumplir con ella,
al saltar el barranquillo
el caballo le retiembla.
— No te asustes, mi soldado,
tú no te asustes de mí,
que yo soy tu novia Elvira
y me vengo a despedir.
— La primera nena que tengas
ponle Elvira, como a mí.
Las mujeres de este mundo
se han «terminao» para mí,
me voy a meter a fraile,
fraile de San Agustín,
la «primer» misa que diga
ofrecida para ti. |