Sin
duda alguna hemos de considerar a los Carnavales como «las
fiestas de la licencia», y es que si alguna palabra
puede resumir el espíritu de esos días
es ella. Ya griegos y romanos disfrutaban de festejos
donde la norma de conducta habitual era la subversión
de valores, donde a esclavos les estaba permitido
vestir la túnica del amo y donde los disfraces,
a la vez que cubrían las caras, ponían
al descubierto apetencias más íntimas.
Con posterioridad, y tras la cristianización
de las fiestas, el carnaval se entiende en contraposición
a la Cuaresma, a la que precede, pretendiendo ofrecer
una despedida digna, un suntuoso «hasta luego» a
todos los placeres de la carne hasta el final de la cuarentena
que supone la Cuaresma.
Existen numerosos testimonios que prueban la persistencia
de estas celebraciones desde tiempos inmemoriales,
a pesar de las diversas y reiteradas prohibiciones
que han sufrido a lo largo de la Historia.
También han servido de fuente de inspiración
a poetas y músicos, desde el Arcipreste de Hita
con su «Batalla entre Doña Cuaresma y Don
Carnal» y posteriormente Juan del Encina
en su «Égloga de Antruejo» que podría
marcar el punto de arranque del teatro castellano,
y que con motivo de las fiestas de Carnaval se representó en
presencia de los Duques de Alba, a los que iba dedicada,
en el año 1494. Al final de la obra se cantaba el
siguiente villancico invitando a los asistentes a refocilarse
ante la inminencia de la Cuaresma:
Hoy comamos y bebamos
y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos.
Por honra de Sant
Antruejo,
parémonos hoy bien anchos,
embutamos
estos panchos,
recalquemos el pellejo.
Que costumbre
es de concejo
que todos hoy nos hartemos,
que
mañana ayunaremos... |
En el primer tercio de nuestro siglo, que es de cuando
proceden las coplas que están incluidas en la grabación,
se organizaban murgas y comparsas que en sus letrillas
arremetían contra lo divino y lo humano, siendo,
quizá, la válvula de escape a todo un
año de silencios y acatamientos. Es, conectando
con lo que veíamos al principio, la subversión
de los valores y el orden establecido.
Las coplas que aparecen en la grabación están
recogidas en Jódar de la Chacha Ana Josefa, quien
aún recordaba su «estreno» por la comparsa
de «Marianillo».
| Coplas de carnaval |
Señor
don Antonio Herrera,
de Jódar primer alcalde,
le pedimos su permiso
porque nos tiene
cuenta de hablarle:
Que los pobres de las cuevas
también son nuestros hermanos
y carecen de una fuente
en invierno y en verano.
Nos referimos
a lo del pilar,
y a don Antonio
que nos lo hará,
y si lo hiciera
diríamos «to'os»:
a don Antonio
agradecemos
este favor.
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Señoras
y caballeros
un consejo voy a dar:
ue todo el que
tenga niñas
que no las deje mucho bailar,
porque estos bailes de ahora
que se llaman el fox-trot
para bailarlos de moda
tienen las niñas disposición.
Doblan mucho las rodillas
y también el bailador,
y a fuerza de movimientos
tienen choque de...tacón.
Esta es la historia del girapiés
los bailaores
salen sudando...
no sé por qué...
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