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ANDARAJE. SEFARAD

 

La relación de Andaraje con la música de tradición oral sefardí se remonta a los orígenes del grupo, ya en el año 1973 incluían en su repertorio  una versión  de Arvoles yoran por lluvia, y desde entonces no ha habido ningún concierto de Andaraje, salvo los estrictamente monográficos, en el que no se hayan escuchado las voces del ladino o la haketía sirviendo de vehículo a antiguos romances, cantigas y músicas tradicionales de los descendientes de aquellos judíos expulsados  en el siglo XV de Sefarad, palabra con la que los judeoespañoles se refieren a la Península Ibérica, hecho claramente documentado desde el siglo II DC.

Las dificultades para tratar de manera homogénea este corpus son de gran envergadura, ya por las propias características del ladino,  por la naturaleza de la música como soporte de los textos,  o bien por la propia dispersión geográfica: los que se marcharon, y en un primer momento hicieron un corto desplazamiento hasta Portugal, Francia y lo que actualmente es Marruecos, acabaron fundando poderosas y ricas comunidades sefardíes en las ciudades de Larache, Tetuán, Tánger, Argel y Orán en un primer momento; después, gracias a la inteligente política de tolerancia y atracción para científicos, filósofos, artesanos, etc. que fomentó el  Imperio Otomano,  muchas de las comunidades se trasladaron a diversas ciudades, regiones y países por aquél entonces pertenecientes a tal imperio, como los Balcanes, donde llegarían a ser míticas las comunidades de Constantinopla, Sofía, Sarajevo, Belgrado, Salónica, Esmirna, así como  Jerusalén, Alejandría y el mismísimo El Cairo. Con posterioridad, muchas ciudades europeas,  como Amsterdam en los Países Bajos; en Italia Ferrara, Florencia, Venecia, Roma; Liverpool, Manchester y Londres en el Reino Unido; y Bayona o Burdeos en la vecina Francia, acogerían florecientes comunidades sefarditas aunque con un impacto social menor que en las ciudades mediterráneas.

El ladino, idioma de estas comunidades, se caracteriza por su permeabilidad de modo que adopta e incluye como propios vocablos, términos del idioma local donde asientan las comunidades, así que existen elementos árabes, griegos, italianos, turcos, franceses… sobre la base del español medieval que es el cimiento estructural de esta lengua, lo que propicia variaciones dialectales claras dependiendo del asentamiento geográfico y cultural de la comunidad.

Podemos considerar dos grandes grupos a la hora de adentrarnos en el universo de la música sefardí, por un lado el llamado canto espiritual judeo-español ,del  que los cantos sinagogales son su más claro exponente, cantos éstos plenos de inflexiones melismáticas y entonados sin acompañamiento musical alguno, al estar prohibidos los instrumentos musicales en las sinagogas. De otra parte encontramos las coplas o canticas, poemas estróficos para ser cantados, que suponen una notabilísima aportación del ladino a la poesía hispánica, de temática muy variada,  que va desde los textos paralitúrgicos caracterizados por tratar los grandes episodios de la historia judía,  y  como sucede con los cantos religiosos populares de la tradición oral española,  aportar una visión complementaria y popular a los elementos ortodoxos de las principales festividades del calendario litúrgico,  hasta los numerosos ejemplos del cancionero tradicional de temática muy variada, como pueden ser las celebraciones familiares del ciclo vital (cantos de boda, parto, circuncisión, cuna, mayoría de edad, endechas…) o aquellas que  pueden ser considerados unos de los más bellos ejemplos de la lírica hispánica: las cantigas amatorias.

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           En la obra que tienes entre las manos se desgranan claros ejemplos de las diferentes manifestaciones que han llegado hasta nosotros de la música sefardí, cantos paralitúrgicos, epitalámicos, humorísticos, canticas amatorias y de desamor, romances… todos ellos interpretados con el mayor de los respetos pero también con la mayor dosis de libertad en su desarrollo musical.                                                                                                                                                           En resumen, valga la frase que una anciana sefardita dijo a Joaquín Díaz a cerca de su manera de entender  e interpretar la música de los judeoespañoles: “Usted canta estas cantigas con el alma. No se preocupe de más.”

José Nieto Serrano