Como ya sabéis muchos de vosotros, este año se cumple la cuadragésimo sexta edición de la CITA FOLK, el festival folk más antiguo del sur de Europa, que organiza desde su inicio Andaraje en Jódar (Jaén), motivo por el que este año iremos jalonando las estaciones con diversos conciertos, exposiciones, conferencias…

A finales del mes de agosto, desde el día 21 hasta el 24, tendremos la ocasión de asistir a cuatro conciertos muy esperados que se realizarán en dos escenarios diferentes y complementarios: la Plazoleta del Pilón y la Plaza de Toros: La Cita Folk en las callejuelas acogerá a Ursaria, Faluka y Andaraje, mientras que Eliseo Parra y las Piojas nos mostrarán lo mejor de su repertorio en la Plaza de Toros.

El comienzo de la edición actual de la Cita Folk, que tuvo lugar el día 26 de mayo, lo marcó una conferencia de Carlos Monje, director de la revista digital DiarioFolk, publicación de referencia en el mundo de la música de raíz y músicas del mundo.

ANDARAJE: “Dos para una docena” (formación dúo)

Años después de la despedida oficial de los escenarios que selló la gira “Andaraje  ritual” a lo largo del año 2011, los hechos demuestran que no existen “despedidas definitivas” si se dan las condiciones adecuadas, en esta ocasión  la invitación a participar en la  edición del festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza 2015 que este año cumplió su decimonovena edición, dedicada a la relación entre música culta y música popular, o en la Cita Folk 2017, en su cuadragésimo quinto aniversario.

Andaraje presenta para la ocasión un repertorio basado en el que mostraban durante sus recitales en los años iniciales del grupo allá por los inicios de los años setenta del siglo pasado en un guiño a todas las formaciones que han dado lugar al Andaraje que todos conocemos hoy.

 

URSARIA

Qué hacemos y por qué lo hacemos

Al concluir cualquiera de nuestros conciertos, suele ser habitual que se acerque el público a regalarnos el abrazo y la palabra de amor que nos hace seguir en esto. También se acerca mucha gente a preguntar. Sobre todo preguntan por qué. Por qué un grupo de Madrid hace música precisamente de Madrid. Lo preguntan conmocionados. Estupefactos. (Casi siempre) gratamente sorprendidos.

Lo pregunta más que nadie el público procedente de la megalópolis madrileña. Los de fuera, incluso, lo comprenden mejor y con la sonrisa franca asomando en la cara. Aspecto previsible, por otra parte, pues todos los madrileños hemos caminado por su suelo alguna vez  sin percibir su trepidación tectónica. En la inopia de una ciudad donde se inventaron las seguidillas, donde se abrillantó la jota, donde explotó la escuela bolera. Nada más, y nada menos.

Si en lugar de trabajar sobre la base del folclore de Madrid, lo hiciéramos con folclore de Albacete, de Segovia, o de Lugo a nadie absolutamente se le ocurriría preguntar por qué. No haría falta discutir con nosotros en términos metafísicos.

La respuesta, por nuestra parte, es inmediata.

Hacemos esto precisamente para romperle los esquemas a más de uno. Dejarle en estado de shock catatónico. Y sumirle en un desconcierto a través del cual emerja en la más deslumbrante epifanía.

Decirle en alto: “Madrid tiene folclore. Si. Pero, lo mejor de todo es que también es tuyo”.

¿Mío? ¿Cómo va a ser mío?  Al madrileño de a pie le cuesta asumir este axioma. Entra en conflicto con su propio trauma identitario. Es capaz incluso de sentir como suyo el folclore de cualquier otro lugar, menos el que mana a chorros desde  lo más profundo y oscuro de la tierra que pisa. Desde su catacumba insondable.

Nos ocurre esto a los madrileños, en general, debido a nuestra privativa esencia.

Los madrileños somos un pueblo apátrida. La encarnación del desarraigo más literario. Pobladores desorientados de ningún lugar. Parias. Ciudadanos del mundo, en el sentido más naif del concepto. Habitantes de la estación orbital internacional. Desconectados de la tierra. En constante ingravidez. De todos sitios, pero al final de ninguno. Somos pero no somos. Una paradoja ontológica de primer orden.

“No, si en realidad, aquí en Madrid, ninguno somos de Madrid“.

Esta frase tan chusca, tan castiza, es la manera en que los madrileños nos quitamos de encima el muerto. Acodados en la barra de una taberna con el suelo regado de servilletas de papel y cabezas de gamba. Una frase muy de cuñado. Cuñadismo nivel 1, código rojo. Es el modoface en que dirimimos la cuestión, evitando enfrentarnos a nuestros propios fantasmas, con bastante socarronería mesetaria, por cierto. Jugueteando con la devastación desde un punto de vista filosófico. No, si en realidad, nosotros no somos nadie.

Es un adagio que se suelta impunemente. Que trata a todo el mundo como si estuviera de paso.

Un cosmopolitismo tan new age, y tan mal entendido, que solo nos falta que nos quiten el nombre y  todo rastro de nuestra esencia y lo reemplacen por un código de barras tatuado en nuestro antebrazo. Una grotesca oda a la globalización y a la devastadora postmodernidad occidental. Cosas del capitalismo salvaje.

Nosotros también lo creímos. Hubo un tiempo en que lo hicimos.

Porque es un aforismo demoledor que incluso impide la constatación del ser. Que ni come ni deja comer. Algo así, como “Bah, no te molestes en ser nada…”. A ver si se te va a ocurrir ser algo. Ser de aquí, por ejemplo…

Efectivamente, ninguno llevamos aquí en Madrid más de dos generaciones. Alguno de nosotros, de hecho, no lleva ni media.  Todos llegamos de fuera en algún momento. Todos. En algún momento cercano lo hicieron nuestros padres. O nuestros abuelos. O nuestros ancestros celulares más remotos, impregnados en el polvo de una lejana estrella, hace millones de años.

Todos venimos de fuera. Créannos.

Los madrileños carecemos muy felizmente de polémicas de pureza racial. Nadie aquí ostenta ocho apellidos madrileños. Vargas, Luján, Arias-Dávila, Zapata, Luzón, Alcocer, Mendoza y Alvarez-Gato. Ya no estamos en el siglo XV. Afortunadamente.

Tampoco estamos ya en los años ochenta del siglo XX, por mucho que algunos se empeñen en resucitar las hombreras. En los ochenta, el 75% de los habitantes de la metropoli no había nacido en ella. Su demografía era el resultado de treinta años de drama, de diáspora. De barriada obrera y lucha vecinal, para que asfaltasen las calles. En el quinto vivía una familia de Zamora; y en el tercero izquierda un matrimonio de Ciudad Real.

Lo que pasa es que han pasado cuarenta años, oiga. ¡Cuarenta años! Nuestros padres no nacieron en Madrid. Nosotros, si. Nuestros hijos, también. Y además, que más da, aunque llevásemos aquí tan solo quince minutos… Nosotros no estamos en Madrid. Nosotros somos de Madrid. Hombre, ya.

Así que, caray, déjennos también SER del sitio en el que nos ha tocado ESTAR.

Y esto implica para nosotros, emocionalmente, sentir (con todos los mecanismos conocidos y desconocidos de la percepción) la tierra que amamos. Que no es otra que la que nos sostiene. Cantar la música que sentimos trepidar aquí debajo. Aquí. Aquí justo bajo nuestros pies.

No, si aquí en Madrid, ninguno SOMOS de Madrid.

No, hombre, no. No me sea así. Déjennos al menos sentirla nuestra. Déjennos también hacérsela sentir suya. Vengan de donde vengan. Que ahí no vamos a entrar. Las emociones ni se pueden embridar ni se pueden medir. Cada uno se siente de donde le da la gana. Estaría bueno y faltaría más. Hay gente que se siente de Segovia, porque sus padre nacieron allí. Porque de pequeños pasaban los veranos en el pueblo. Claro que sí. También hay gente que se siente de Ulán Bator. O de Ganímedes. Sin haber estado jamás allí. Y es todo tan legítimo. No queremos desbrozar el camino de esos sentimientos, porque no nos corresponde.

Es solo por una cuestión telúrica. La gente habla, piensa, cocina y canta con la misma longitud de onda con la que vibra la tierra que hollan sus pies. Así que puestos a cantar, no se vayan ustés tan lejos. Que no hace falta.

Al menos, oigan, quédense solo un poquito.

Por eso hacemos esto pero, también, claro, lo hacemos por más cosas.

 

FALUKA

El proyecto Faluka  propone un acercamiento musical e investigador a las músicas del Mediterráneo como una manera de entender mejor la propia herencia musical, explorando los ritmos y modos que nos acercan a las tradiciones de los demás países mediterráneos. En su completo repertorio traza un recorrido que comienza con las tradiciones ibéricas del exilio (sefardí, andalusí) y continúa por el Maghreb y el Mashreq para llegar hasta las músicas tradicionales de Grecia y Turquía o las danzas de países del Este como Bulgaria, Rumanía y Armenia, volviendo a tierras ibéricas para reencontrarnos con el carácter mediterráneo compartido de diversos repertorios ibéricos regionales (Andalucía, Extremadura, Murcia, Castilla y León).

Un viaje en el espacio y el tiempo, desde el medievo en tierras ibéricas, occitanas, bizantinas y otomanas hasta hoy. Un fluir musical en el que creamos bebiendo de las fuentes de nuestras tradiciones.

En sus conciertos, Faluka ofrece los frutos de su viaje musical presentando arreglos y composiciones propias y adoptando una perspectiva didáctica que ayuda al público a familiarizarse con estas músicas, sus letras, ritmos, modos, contexto cultural… Interpretamos cada tema en su lengua original (español, judeoespañol, griego, turco, árabe, darija, búlgaro, occitano, rumano).

Además de su trabajo de interpretación musical, el equipo de Faluka imparte talleres (de danzas del Mediterráneo, introducción a los ritmos irregulares, improvisación musical, etc) y presenta una línea de conciertos didácticos que pueden ver en su dossier.

Faluka inicia su andadura en Córdoba, en abril de 2014, y se establece posteriormente en Granada. En su corta existencia ya ha participado como dúo, trío o cuarteto  en salas, instituciones y festivales destacados a nivel nacional e internacional: Festival Internacional Murcia Tres Culturas (2018), Semana Sefardí de Toledo (2017), Festival Internacional de Música Sefardí de Córdoba (2015), Festival Folkarria (concurso, 2017), Festival Danza sin Fronteras (2016), Otoño Sefardí de Córdoba (2014, 2016), WIM Festival (2015), Jornada Europea de la Cultura Judía de Jaén (2014), Espacio Ronda (Madrid 2018), Sala Caracol (Madrid 2016), Sala Ronda (Barcelona 2016), La Expositiva (Granada 2016, 2017) o el Teatro Isabel la Católica de Granada (2017), entre otros. Además de realizar numerosos conciertos por todo el país, Faluka ha actuado también en Francia y Portugal, en el Festival de Musiques Juives de Carpentras (2016), el Espace Jaël Romano de Brassac (2016) y la Feira da Dieta Mediterrânica de Tavira (2017).

 

ELISEO PARRA Y LAS PIOJAS

Eliseo Parra inicia su carrera musical en los años 60 como batería y cantante en grupos de rock. En 1971 compagina los estudios de solfeo y armonía en el Conservatorio Municipal de Barcelona con su actividad en el grupo Mi Generación, que edita ese año un L.P. con canciones propias. A partir de 1976, participa activamente en el movimiento musical jazzístico barcelonés, que gira en torno a la sala Zeleste, tocando con los grupos Blay Tritono y la Rondalla de la costa. En 1979 colabora con María del Mar Bonet en el disco de temas tradicionales mallorquines Saba de Terrer y se integra en el grupo valenciano Al Tall. A finales de los 70 e inicios de los 80 toca con orquestas de salsa, como la Sardineta y La Platería, así como con cantantes como Ovidi Montllor, Gato Pérez, Marina Rossell y Jaume Sisa.

En 1983 se establece en Madrid y comienza a investigar la música tradicional castellana. Funda el grupo Mosaico y graba con él dos discos. El primero de ellos es un homenaje al repertorio del folclorista castellano Agapito Marazuela, y el segundo un disco de composiciones propias de inspiración tradicional. A partir de 1990, inicia una carrera discográfica en solitario, centrada en la revisión del repertorio tradicional del folclore español desde parámetros musicales contemporáneos, con influencias de las músicas tradicionales de otros países, de la música caribeña, del jazz y del rock. Tiene especial repercusión su disco Tribus Hispanas, con el que obtiene el primer premio en el concurso Villa de Madrid. En él, Parra ofrece composiciones propias inspiradas en las coplas y danzas de la zona central de la península Ibérica. Tras la senda abierta por este disco renovador, siguen otros como Viva quien sabe querer, Premio Radio Ecca al mejor disco del año 2002.

Además de como intérprete, Eliseo Parra ha realizado trabajo etnológico de campo en colaboración con José Manuel Fraile Gil. Fruto de esta colaboración son los libros Romancero tradicional de la provincia de Madrid, Cuentos de la tradición oral madrileña, La poesía infantil en la tradición madrileña y El mayo y sus fiestas en tierras madrileñas.

Ha recorrido medio mundo actuando con su magnífica y fiel banda y ha colaborado con gran parte de los grupos de “recreación tradicional” de la Península.

Cabe destacar también su Suite Romance, que estrenó el Ballet Nacional y la Orquesta Sinfónica de Madrid y su trabajo como músico y actor para la Compañía Nacional de Teatro Clásico en la obra de Lope de Vega Peribáñez y el Comendador de Ocaña. Por último resaltar su labor docente desde hace seis años como profesor de percusión y canto tradicional.

“No sé qué habrán visto en mí todas estas mujeres”, dice Eliseo Parra con una sonrisa bondadosa. Y anota: “Supongo que lo nuestro es amor”. El gran maestro del folclore en la meseta ibérica emplea un tono jocoso y distendido, pero tras ese velo de buen humor late un trasfondo de profunda admiración recíproca. El artista y panderetero vallisoletano habla así de Las Piojas, sus alumnas de canto y percusión tradicional, con las que en algunos casos lleva más de 12 años colaborando, transmitiendo la sabiduría de sus ancestros. Y ellas le admiran no solo como instrumentista, sino como referente vital. Ninguna se dedica a la música de manera profesional, pero ayer y hoy compartirán los camerinos del madrileño Nuevo Teatro Alcalá de tú a tú, como artistas que han terminado siendo todas. Silencio: se graba disco en directo.

Parra es a sus 67 años un referente indiscutible para la música folclórica. Aunque lo ha contado en alguna ocasión, no le importa recalcarlo: adoraba las canciones de Paul McCartney y ejerció de hippy —con todas sus lisérgicas consecuencias— en aquella Ibiza alborotada de los setenta, pero su auténtica epifanía no se produjo hasta descubrir la obra del dulzainero segoviano Agapito Marazuela. El compromiso con la música de los ancestros le ha convertido en referente internacional desde Tribus hispanas (1998), un disco que revolucionó el folclor a la manera que el cantaor Enrique Morente había reinventado el flamenco dos temporadas antes con su Omega. FERNANDO NEIRA. El País.”

 

CARLOS MONJE

Para el acto inaugural que sirvió como punto de partida a la programación por venir tuvimos la fortuna y el honor de contar con Carlos Monje personaje fundamental en la difusión de la música y, en general, de la cultura tradicional en nuestro país y quien, probablemente, represente mejor que nadie el papel de divulgador, facilitador,  que promueve y difunde el acercamiento a las músicas de raíz.

Director de la revista Diario Folk, también redactor y fotógrafo,  fundó y dirigió así mismo la desaparecida Tierrafolk.

Conversábamos con Carlos Monje, minutos antes de empezar la charla, “Esto nace de un proyecto en el cual se intenta contar toda la historia hasta la actualidad, dividido en varias partes y aquí nos vamos a ocupar de la primera parte, desde los años sesenta hasta los ochenta… Vamos a hablar de personas como Ismael, Joaquín Díaz, Nuevo Mester de Juglaría, que sigue en activo, siguen desarrollando un trabajo muy interesante, personas que han desarrollado una labor inmensa para nuestra cultura y para la música tradicional… siempre han tenido un proyecto, un amor, una dedicación a la música tradicional, al folklore, nunca ha sido su objetivo el llenarse los bolsillos de dinero… su trabajo siempre ha sido reconocido y por eso ha perdurado…”.

También le preguntábamos por el papel de los festivales como la Cita con la Música Folk de Jódar, “… Siguen haciendo falta ese tipo de festivales, ha habido una época, en los últimos años con la crisis, en la que muchos han ido desapareciendo, vuelven a surgir otros nuevos, aquí estamos ante uno de los festivales más antiguos de Europa, todos esos músicos, en estos 46 años han pasado por aquí, porque ha sido la historia viva de esta música y han tenido que pasar por el festival histórico… es un privilegio para los músicos y también para este pueblo tener un festival tan interesante y tan bonito.”