Informantes: Juana A. Jurado Medina
Magdalena Cuevas Cáceres
Localización: La Guardia


animasEs uno de los romances más extendidos en la tradición oral de nuestros días. Sin embargo no aparece en colecciones antiguas debido, según explica Menéndez Pidal a la poca estima que en el siglo XVI había por estos romances-cuento, aquellos que «desarrollan una extensa acción completa, con sus antecedentes, nudo y desenlace».
Es probable que este romance se inscriba entre los poemas medievales surgidos de los mitos clásicos; recrea el mito de Tereo, Progme y Filomena, que Ovidio incluyó en su Metamorfosis, estando presente también en obras de Shakespeare, Wilde, Keats etc…
El tema es de una truculencia marcada: el violador incestuoso de su cuñada es al mismo tiempo el asesino de su propio hijo al que finalmente de manera involuntaria devora, quedando la mujer exenta de culpa. También en correspondencia con el mito clásico, el violador trata de que su acción quede impune cortando la lengua a Filomena, quien teje un tapiz en el que narra los hechos para ponerlos en conocimiento de Blancaflor.
En la versión que presentamos el medio que utiliza es la escritura de una carta con la sangre de sus propias heridas. Tampoco en nuestra versión se suaviza el desenlace final, a diferencia de otras, omitiendo la muerte del hijo o haciendo que ésta se deba a una causa natural, sino que es la madre quien lo conduce a la muerte para servirlo como vianda al marido violador.
Casi con toda seguridad –debida en gran parte a la profusión de casos encontrados en nuestra provincia– puede considerarse que el aire original de la melodía junto con la poderosa influencia de ritmos europeos importados tanto en la mitad última del siglo pasado como en la primera mitad del presente, ha dado lugar al marcatto en el que se desarrolla la música del romance.
Por otro lado, los glissandos y apoyaturas varían de colocación pero repitiéndose siempre en idénticas estructuras rítmicas, si bien su posición en la primer parte del romance (la más estable musicalmente hablando) es la anotada.

Blancaflor y Filomena
Está la pobre viuda
entre el amor y la guerra
con sus dos hijas queridas,
Blancaflor y Filomena.
Pasa por allí Tranquilo,
se enamora de una de ellas.
— ¿Quiere usted que yo me case
con su hija Filomena?
— Cásate con Blancaflor
que es mayor y te respeta.
Se casó con Blancaflor
no olvidando a Filomena.
Pasó por allí Tranquilo.
— ¿Qué haces por estas tierras?
— ¿Cómo queda Blancaflor?
— Blancaflor ha «quedao» buena,
«embarazá» de seis meses,
que eso es lo que usted desea,
pero me ha encargado mucho
que me lleve a Filomena,
para a la hora de su parto
tenerla en su cabecera.
La visten de azul y blanco
que parecía una estrella.
El se sube en el caballo
y ella se subió en la yegua.
— Adiós, madre de mi alma,
tú, mi madre, me destierras.
— No te destierro, hija mía,
que tu cuñado te lleva.
A la salida del pueblo
se puso a remenecerla.
— Estate quieto, Tranquilo,
que el demonio a ti te tienta.
— Que me tiente o no me tiente
quiero gozar tu belleza.
La ha bajado del caballo,
hizo lo que quiso de ella,
y para que no gritase
le ha despuntado la lengua.
A los gritos que ella daba
un pastorcillo se acerca.
— ¿Qué te pasó, niña hermosa,
qué te pasó Filomena?
A señas o como pudo
papel y pluma pidió,
y con sangre de su lengua
una carta allí escribió.
— Echa esta carta al correo
que la reciba mi madre,
que se entere de la afrenta
que ha cometido el infame.
— Toma criada este niño
y guísalo en la caldera,
«pa» cuando venga Tranquilo
que se lo pongan de cena.
Está cenando Tranquilo.
— ¡Ay, qué buena está esta cena!
— Más dulces son los abrazos
de mi hermana Filomena.

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